Apenas quedan veinticinco horas para que dejemos atrás otro año y cada uno aplica en este momento su propio criterio.
Algunos hacen balance: lo bueno por aquí, lo malo por allá. Otros, prefieren reflexionar sobre lo que han hecho (o no), durante este año y prometerse a sí mismos lo que harán (o al menos intentarán), en el próximo.
También los hay que aprovechan estas fechas para lamentarse y regocijarse en el dolor de las ausencias, las de los seres queridos que por primera vez, o simplemente un año más no estarán en la misma mesa; tanto las de los que algún día regresarán, como la de los que partieron para no volver.
Después, hay otras personas que simplemente pasan del 31 de Diciembre al 1 de Enero como el que pasa de una baldosa a la siguiente caminando por cualquier acera de la ciudad.
Habrá más, no lo dudo.
Cuando haces balance semanalmente, cuando reflexionas (tal vez demasiado) a menudo, cuando te faltan de los unos y también de los otros; pero cuando también guarda mucho significado este momento, acabas en un maremagnum de sensaciones que por agotamiento, ignoras.
Y lo que queda es un espacio neutro, en el que no brotan sentimientos propios ni empatías para con los demás. Una neutralidad que te lleva a la indiferencia más hastiosa, pero a la que no puedes reaccionar.
Un estado que sin embargo, resulta sorprendentemente bueno; y es cuando mejor se analiza todo lo que nos rodea, cuando somos capaces de liberarnos de todo tipo de sentimiento.
Tal vez sea el punto más cercano a la objetividad absoluta.
Pero por más que efectivamente me ayude en ciertas áreas, no es ni con mucho, un estado agradable. Mas no se puede sino esperar a que ese conjunto de variables del entorno, la alimentación, el clima, el estrés y las personas, reviertan este estado ya a la alegría exacerbada, ya al temperamento más abrupto.
Dos energías estas, que si bien cesan con prontitud, se manifiestan siempre, la una o la otra, marcando el fin de esa etapa neutra. Como si inconscientemente, después de un periodo de inexpresión, precisase expulsar todo lo contenido. Y funciona.
No me puedo ir sin, en tal momento, recordar este clásico. Siete años recién cumplidos entonces y lo recuerdo como si fuera ayer.
Pitad, gritad, disfrutad, reíd.
A la vez. O no.
Feliz 2016

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